La piscina de mis veranos

http://www.teleprensa.com/almeria/la-piscina-de-mis-veranos.html

“Obligatorio ducharse antes de entrar en la piscina.

Prohibido móviles y cámaras, prohibido ropa, toallas, chanclas, gafas,

No correr, no hacer volteretas. Prohibido comer o beber!”

Bien después de todos estos “agradables consejos”- les llamaré así- a alguien le quedan ganas de ¿bañarse en una piscina pública? Obviamente es una pregunta retórica porque, éstas con el calor insoportable de estos días, están llenas.

Este cartel anunciador de normas para el baño, colgaba de una piscina antes de entrar a la misma y, claro como no especificaba si era en toda la instalación o en el recinto propiamente dicho, te quedas un poco perplejo, pues no sabes si continuar o darte la vuelta después de haber leído tantas prohibiciones. Eso sí, ¡se permite ir en traje de baño! Menos mal.

¿Dónde quedaron los tiempos en los que pasar un día de piscina era una aventura? Recuerdo cuando era pequeña ir con mis padres y ser toda una diversión. Nos encantaba llevar bocadillos, gafas de bucear, jugar en el agua, tirarnos del trampolín,  hacernos fotos… Y ahora de esto nada de nada… Porque pasamos de un extremo a otro en cuestión de… Veranos.

Yo me pregunto, si en vez de tantas prohibiciones y gasto de presupuesto público en contratar vigilancia  para hacer que dichas normas se cumplan, ¿por qué no se invierte en educar a pequeños, jóvenes y no tanto para que respeten  a los demás y al entorno? En educación cívica. Eso sí que redundaría en toda la sociedad.

Pero parece que prohibir es más efectivo que  formar y educar en valores. Y no sólo en el sentido de normas para bañistas, sino en muchos más ámbitos sociales.

Hay algo que he observado y es qué quien no respeta nada, empezando por sí mismo, mucho menos va a acatar cómo debe comportarse en un lugar público, pues dichas normas se la saltan a la torera. Y es, precisamente, para personas con un comportamiento lesivo hacia los demás, para quienes están redactados dichos preceptos pero que se hace extensible a todos, como es lógico.

Y termina “pagando el pato” aquel que lo único que desea es pasar un día relajado. Bueno, ésta es otra “relajao, relajao”, me da que no mucho. Porque entre ver si vas cumpliendo las normas,  que no te pisen en la toalla, ver si el niño está por el lado más profundo de la piscina, porque para el más bajo de la misma hay colas- otra cosa que no entiendo- si la mayoría son personas que no llegan a “uno ochenta de altura” ¿Por qué no habilitan más superficies para los que miden menos de eso? Pero la lógica, se impone poco.

“El usuario de una piscina de uso colectivo debe saber que en todo momento deberá seguir las instrucciones de los socorristas y cumplir las normas del Reglamento de Régimen Interno…: No acceder a la zona destinada a bañistas con ropa o calzado de calle. Antes de cada baño es obligatorio el uso de la ducha, asegurándose el usuario de eliminar en la misma, cremas, suciedades y restos que pudieran quedar en los pies después de andar descalzo por el recinto. No arrojar papeles o residuos al suelo o al agua. Utilizar las papeleras. Se prohíbe el paso de animales, con excepción de los perros guías utilizados por personas con disfunciones visuales… “

Como digo si se invirtiera en educación y no en prohibición estas normas no tendrían mucha razón de ser ¡En fin hay tantas cosas inexplicables! Que seguiré soñando con la piscina  de mis veranos y no la de las prohibiciones.

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