Simple aprendiz de escribiente

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Voltaire decía “La escritura es la pintura de la voz”. Y es que no sabes cuánto te apasiona ésta- la escritura-  hasta que no publicas un texto la primera vez. Y en esta primera vez también hay miedos, cautela y un poco de timidez por una sencilla razón: falta de seguridad en uno mismo. Pues como todo se va adquiriendo a medida que practicas y para practicar tienes que empezar. Un axioma simple, pero la mayoría de las veces lo simple ¡Parece tan complicado!

Y claro, según vas desarrollando esa maravillosa capacidad, más consciente eres  que necesitarás mucho tiempo para dejar de ser un aprendiz de escribiente. Cosa que, por otro lado, es bueno no creer que domines perfectamente algo por completo. Pues entonces, ese día dejarás  de sentir o peor aún, te habrás vuelto imbécil.

Hace un año que escribo en esta sección de Teleprensa  y, a todos y todas –sean muchos, pocos o poquitos les doy las gracias  si  en algún momento se han detenido a leer lo que, con tanto entusiasmo, relato cada semana. Unas veces contaré cosas interesantes y otras no, pero siempre, siempre poniendo mucha pasión.  Intentando aportar una visión distinta en aspectos cotidianos de la vida. Puede ser que muchos estén en desacuerdo con esos artículos. Pero en eso reside el respeto y la tolerancia hacia los demás en aceptar a  quienes  no comulgan con tus ideales o  forma de entender la existencia.

Y si, para otros, he aportado claridad a lo que ya intuían, sería una emoción indecible. Porque lo más bello de escribir es imaginar que les llega y hace reflexionar. Y que cada texto, según sea el lector, le dará una interpretación distinta.

Por ello la palabra, la escritura, es la mejor herramienta de comunicación que posee el hombre. El arte de la escritura como medio de expresión es inigualable. Manifestar a través de ésta pensamientos, a veces filosóficos, otras superficiales, algunos profundos, otros actuales… Pero con un denominador común: escribir con entusiasmo. Porque para mí componer, sea sobre lo que sea, y  hacerlo con anhelo es una forma de arte. Aunque cada cual lo perciba según el color del cristal con el que mire.

Por eso soy aprendiz de escribiente y por eso algún día, este aprendiz, espera subir un peldaño más. Pero, para mantener el equilibrio en esta escalera que es la vida,  antes tienes que tambalearte. Y saber qué, lo pisado en la subida, probablemente lo encuentres en la bajada. Así pues, sin perder jamás esos principios seguiré con esta máxima. Ser aprendiz para saber cada vez más. Pero sin pretender dejar de serlo pues impediría seguir avanzando.

La sonrisa de Nicolás

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Esta historia que cuento es maravillosa, pues en días en los cuales la temperatura alcanza los cuarenta y tanto grados que alguien sonría, a pesar de estar en un semáforo de un cruce de caminos, de un lugar cualquiera de la bella e incandescente Sevilla, es de admirar. Cuando otros en mejores condiciones lo que persiste en su vida es la constante queja.
A Nicolás le conocí hace unos años, cuando yo asistía a la facultad de comunicación en la que estudiaba periodismo. Mientras él estudiaba el arte de sobrevivir, recién desembarcado en  un país muy distinto al  suyo. Cuando iba en mi coche para las clases, con la ilusión de adquirir conocimientos nuevos, él  estaba en su semáforo con la ilusión de adquirir lo que no tenía en su país, oportunidades de futuro y, que aquí, se las tenía que buscar ofreciendo pañuelos de papel. Hiciera frio, un día lluvioso o un calor insoportable, estaba siempre allí, sonriendo y sin exigir nada, sólo amabilidad. Así  es como fui conociendo a este gran Nicolás.
Al principio no hablaba español, lo hacía en francés. Recuerdo el día que me dijo “quiero saber andalú” y, cuando pasado unos meses, sonriendo dijo “Ya hablo tu lengua, Ana”, le pregunte, ¿cuál, castellano o andaluz? Y me sonrío, pues  hablaba castellano pero con todo el acento andaluz.
Porque aunque los pequeños Nicolás, por desgracia, lleguen a copar páginas de medios sin otro mérito que inventarse una vida que no tienen o  la tienen tan vacía que han de llenar con aires de grandeza y mentiras,  también hay muchos grandes Nicolás que se labran un futuro sin mucha ayuda o merito inventado. Solo a base de tesón,  ganas e ímpetu para obtener lo mejor de la situación que le toco vivir.
Estos días infernales en Sevilla con temperaturas insoportables para cualquier ser vivo, volví a pasar por el semáforo de Nicolás y, como siempre al verme corrió hacia el coche.  Le dije que no estuviese al sol- eran las cinco de la tarde- que le podía dar un “sincope”, me contestó que tenía que trabajar y ahora más. Se había casado. Le pregunte si estaba feliz, y me contestó que mucho, se reflejaba en su mirada y en la forma  en que orgulloso me mostró su anillo de casado.
Han transcurrido unos cuantos años, terminé mi carrera y cada vez que cruzo por el semáforo me he parado para hablar con él. Yo, que no soy nadie excepcional, que siga recordándome y salude con alegría cuando paso por “su lugar de trabajo” es maravilloso. Él sigue en el mismo cruce, espera que un día ese cruce lo transite alguien que le dé una oportunidad. Igual que a muchos de nosotros, en otros ámbitos de la vida.
Como ésta ¡Hay tantas historias! de “sin papeles”, no por ser inmigrante, sino por no encontrar un papel que desempeñar y vivir en un lugar dónde, al menos, den una oportunidad. Por eso siempre me quedaba y me quedaré observando la sonrisa de Nicolás, porque esa sonrisa es sinónimo de tener mucho, aun sin tener nada. Nada material digo, porque interior lo posee todo.

La piscina de mis veranos

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“Obligatorio ducharse antes de entrar en la piscina.

Prohibido móviles y cámaras, prohibido ropa, toallas, chanclas, gafas,

No correr, no hacer volteretas. Prohibido comer o beber!”

Bien después de todos estos “agradables consejos”- les llamaré así- a alguien le quedan ganas de ¿bañarse en una piscina pública? Obviamente es una pregunta retórica porque, éstas con el calor insoportable de estos días, están llenas.

Este cartel anunciador de normas para el baño, colgaba de una piscina antes de entrar a la misma y, claro como no especificaba si era en toda la instalación o en el recinto propiamente dicho, te quedas un poco perplejo, pues no sabes si continuar o darte la vuelta después de haber leído tantas prohibiciones. Eso sí, ¡se permite ir en traje de baño! Menos mal.

¿Dónde quedaron los tiempos en los que pasar un día de piscina era una aventura? Recuerdo cuando era pequeña ir con mis padres y ser toda una diversión. Nos encantaba llevar bocadillos, gafas de bucear, jugar en el agua, tirarnos del trampolín,  hacernos fotos… Y ahora de esto nada de nada… Porque pasamos de un extremo a otro en cuestión de… Veranos.

Yo me pregunto, si en vez de tantas prohibiciones y gasto de presupuesto público en contratar vigilancia  para hacer que dichas normas se cumplan, ¿por qué no se invierte en educar a pequeños, jóvenes y no tanto para que respeten  a los demás y al entorno? En educación cívica. Eso sí que redundaría en toda la sociedad.

Pero parece que prohibir es más efectivo que  formar y educar en valores. Y no sólo en el sentido de normas para bañistas, sino en muchos más ámbitos sociales.

Hay algo que he observado y es qué quien no respeta nada, empezando por sí mismo, mucho menos va a acatar cómo debe comportarse en un lugar público, pues dichas normas se la saltan a la torera. Y es, precisamente, para personas con un comportamiento lesivo hacia los demás, para quienes están redactados dichos preceptos pero que se hace extensible a todos, como es lógico.

Y termina “pagando el pato” aquel que lo único que desea es pasar un día relajado. Bueno, ésta es otra “relajao, relajao”, me da que no mucho. Porque entre ver si vas cumpliendo las normas,  que no te pisen en la toalla, ver si el niño está por el lado más profundo de la piscina, porque para el más bajo de la misma hay colas- otra cosa que no entiendo- si la mayoría son personas que no llegan a “uno ochenta de altura” ¿Por qué no habilitan más superficies para los que miden menos de eso? Pero la lógica, se impone poco.

“El usuario de una piscina de uso colectivo debe saber que en todo momento deberá seguir las instrucciones de los socorristas y cumplir las normas del Reglamento de Régimen Interno…: No acceder a la zona destinada a bañistas con ropa o calzado de calle. Antes de cada baño es obligatorio el uso de la ducha, asegurándose el usuario de eliminar en la misma, cremas, suciedades y restos que pudieran quedar en los pies después de andar descalzo por el recinto. No arrojar papeles o residuos al suelo o al agua. Utilizar las papeleras. Se prohíbe el paso de animales, con excepción de los perros guías utilizados por personas con disfunciones visuales… “

Como digo si se invirtiera en educación y no en prohibición estas normas no tendrían mucha razón de ser ¡En fin hay tantas cosas inexplicables! Que seguiré soñando con la piscina  de mis veranos y no la de las prohibiciones.

Periodistas sin fronteras

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Ana Mancheño, teleprensa.com Sevilla

Es chocante ver cómo mientras unos se juegan la vida para contar al resto del mundo, la realidad de lo que sucede en otras partes de ese mundo- que a no ser por ellos- periodistas, que viven la profesión con ganas y pasión en lo que hacen, nunca conoceríamos de esos dramas humanitarios.

Y, cómo otros lo único que se juegan es defender lo indefendible de muchas ideologías que encuentran en este tipo de periodistas-tertulianos un altavoz perfecto de sus discursos para, con ello, hacerles propaganda en los diferentes medios afines, al que deben algún tipo de sumisiónpor no se sabe muy bien qué motivos, o ¿sí ? Sobre todo en época preelectoral.

El periodista, Juan Cruz, decía hace poco en una ponencia que: “Lo peor es el periodismo de trinchera, en el que la información se usa como arma política a favor de un determinado partido. Esto ha dañado al periodismo español, algo que siento como deplorable…”.

Hoy se merecen ser protagonistas los que cada día se arriesgan para traernos relatos, historias de sociedades que viven sumidas en eternos conflictos, reporteros que trabajan en esas zonas, como Siria, para que no se produzca un apagón informativo. Y que gracias a ellos se enciendan luces en otras zonas del planeta, para hacerles visible... Transmitiendo con tanta naturalidad como dureza  las imágenes que nos muestran a través de sus crónicas.

La situación del periodismo actual es nefasta. Y cuando eres FreeLancer aún es peor. Debes amar mucho lo que haces para, a sabiendas de saber lo que puede pasar, exponer  la vida si  informas desde esas regiones conflictivas.

Según el Informe Anual 2014 de Reporteros Sin Fronteras (RSF) un total de 27 periodistas fueron secuestrados en Siria en 2014, de los que una veintena continuaba retenido a finales de año, en su mayoría informadores locales que se encuentran en poder de los grupos armados. 

Por eso mi más profunda admiración para todos los que ejercen esta profesión fuera de las trincheras, fuera de las redacciones, contando in situ las noticias. Para todos los que cuentan los hechos sin tanto maniqueísmo político, sin tanta ambigüedad ya sea en tierras  enfrentadas entre los mismos habitantes, o en países donde no se enfrenta ningún bando con otro- excepto dialécticamente. Pero que no, por ello, se es más libre de condicionantes económico, político o publicitario que ya es admirable.

Kapuscinski decía que “la pobreza no llora, no tiene voz. La pobreza sufre, pero sufre en silencio…Encontrará situaciones de rebeldía sólo cuando la gente pobre albergue alguna esperanza” 

La esperanza de estos pueblos está en periodistas, reporteros sin trincheras, como los que cada día desaparecen, porque son los que ayudarán a que la gente pobre albergue alguna esperanza.

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Leyendo a Mario Benedetti estos días, en una de sus páginas, hablaba sobre la sencillez: “La sencillez es una de las virtudes más complicadas de este viejo mundo. Cuando uno es sencillo (en su habla, sus actos…) corre el incómodo riesgo de ser tomado por tonto…Todo mandante, ya sea el mandamás, como el mandamenos, se afana (sobre todo cuando se afana) en no ser sencillo… En la sencillez  los hombres y  mujeres se amparan, se comprenden. En la complejidad, en cambio, se ven con desconfianza…” 

La profundidad y el conocimiento parecen tenerla quien hace de lo complejo su forma de vida.  Cuando leo y veo, ya sea en redes sociales, en conferencias o en una simple consulta de médico, usar unos términos abstractos y una forma de expresarse tan rebuscada, me pregunto  si seré  yo la que no sabe nada, de nada, o son los demás los que quieren dar a entender que saben mucho, aunque realmente no sea así. No sé…Quizás es una percepción personal.  Seré así de rara o igual de inculta, vete tú a saber.

Actualmente, para demostrar que se domina según qué materias se ha de utilizar términos anglosajones o liosos. Así de enrevesados nos hemos vuelto. Con el léxico tan rico que tiene nuestra lengua y hemos de  recurrir a usar extranjerismos que quedan muy bien para el marketing, pero no sé qué pintan en otros ámbitos… Como digo es que seré muy sencilla  y poco compleja. Lo cual es sinónimo de, cómo dice Benedetti,  “correr el  incómodo riesgo de ser tomada por tonta”.

Desde pequeña me enseñaron,  y he ido aprendiendo con el paso de los años, que se llega mejor a las personas cuando nos expresamos con sencillez, sin caer en vulgarismos  pero  tampoco utilizando conceptos complejos…. Porque cuando es así, en realidad hay una lección muy ardua que no aprendimos: la de la sencillez en la forma de actuar, de ser y expresar.

Adaptarnos a las eventualidades no significa dejar de ser cómo eres, dejar  a un lado tu esencia, es simplemente tener criterio para saber cuándo es conveniente hablar o actuar de acuerdo a las circunstancias. Porque siguiendo la máxima que siempre aplico: me interesa más lo que piense yo de mí  que lo que opinen  los otros. Porque a los otros  les puedes engañar, pero a uno mismo no.

El genial Benedetti decía “¡Si uno conociera lo que tiene, con tanta claridad como conoce lo que le falta!…” Y yo digo, entonces seríamos seres naturales e inteligentes y no complejos y enrevesados, puesto que en la sencillez está lo sobrio.

No perdamos nunca los sueños

Pautas para uso correcto del español

Recuerdo el colegio donde pasé los últimos años de la llamada entonces Educación General Bàsica y, también, recuerdo al que por entonces fue y sigue siendo  el autor que más marcaría mi vida. El gran Miguel Delibes.santos_inocentes

Recuerdo el primer libro que los profesores me mandaron leer “Los santos inocentes” y que causó en mi corta existencia una profunda reflexión, impropia para una niña de trece años. Con el paso de los años he vuelto a leerlo y siempre me deja la sensación de que los que nada tienen, a nada les dejan aspirar. Si no es a estar bajo el yugo de los que lo tienen todo.

Con la muerte de este genial escritor vallisoletano, se fue una figura de la talla de Lorca o Cervantes. De la misma manera que con las medidas de austeridad tomadas a diestro y siniestro por los geniales poderosos(o no tanto) se va…

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